jueves, 8 de marzo de 2018

Uno de esos seres que sólo aparecen una vez por generación

Mary Wollstonecraft y Josefa Amar y Borbón fueron dos mujeres pioneras en la reivindicación de los derechos de las mujeres y su igualdad de oportuidades. Era el siglo XVIII. Tuvo que llegar el siglo XX para que otra pionera reivindicara sus legados: Virginia Woolf.

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Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft fue una pionera en la reivindicación de la igualdad de derechos y capacidades de la mujer. Era el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración, tan aclamado por algunas de sus innovaciones pero todavía heredero en muchos casos de la supremacía intelectual y jurídica masculina. Para Mary las diferencias entre hombre y mujer no derivan de que sus naturalezas sean distintas o que sus destinos en la vida sean que las unas estén al servicio de los otros; se trata únicamente de un problema de educación y de acceso a la educación misma. La sociedad debe sustentarse en el poder de la razón, que carece de género, y no en la supremacía masculina.

Pero Mary Wollstonecraft no se conformó con un análisis más o menos teórico o filosófico sino que instó -exigió, se diría a ahora- al Estado a ser el garante de la igualdad de derechos a través de unas Leyes que destierren las tradiciones de subordinación femenina y aseguren una educación igualitaria, gratuita y universal para todos, hombres y mujeres. Esa es la única forma de asegurar que las mujeres sean independientes y que puedan aspirar a vivir de su propio trabajo: que la mujer comparta los derechos del hombre y emulará sus virtudes.

Josefa Amar y Borbón
Josefa Amar y Borbón
Estos preceptos, prácticamente inéditos hasta la fecha y originales en el panorama social europeo, hicieron de Mary Wollstonecraft una mujer bastante popular y reconocida. No es fácil encontrar antecedentes en la España dieciochesca: seria justo mencionar a Josefa Jovellanos, hermana de Gaspar Melchor, y, sobre todo a Josefa Amar y Borbón, autora del Discurso en defensa del talento de la mujeres y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres, publicado en 1786, seis años antes que la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft. Comienza con la denuncia:
… las niegan la instrucción, y después se quexan de que no la tienen. Digo las niegan, porque no hay un establecimiento público destinado para la instrucción de las mugeres ni premio alguno que las aliente a esta empresa (…) En una parte del mundo son esclavas, en la otra dependientes.
Continúa con una enumeración de grandes mujeres que han hecho progresos hasta en las ciencias más abstractas: cita a Hipatia de Alejandría, una de nuestras primeras pioneras; a Diotima de Matinea, de la que Sócrates se confiesa discípulo; a la injustamente ignorada Oliva de Sabuco; a Catalina II, mecenas de las artes y las ciencias en la Rusia del XVIII; o Madame de Sévigné, autora de la célebre sentencia si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar.

Virginia Woolf
Virginia Woolf
Y concluye Josefa Amar: De todos estos antecedentes, se infiere necesariamente que si las mugeres tubieran la misma educación que los hombres, harían tanto o más que éstos.
Por desgracia, Mary Wollstonecraft murió muy joven, tras el parto de la hija que tuvo con William Godwin, también de nombre Mary, Godwin Wollstonecraft. Fue precisamente William Godwin quien escribió la primera biografía de su esposa Mary; y el resultado de tanta franqueza y sinceridad como utilizó fue en detrimento de la figura de Mary, de la que de pronto la gente conoció sus debilidades, escarceos y devaneos que la sociedad británica consideraba inmorales. Tuvo que pasar un siglo hasta que su personalidad fuera reivindicada y su obra rescatada del olvido, entre otras, gracias a Virginia Woolf, autora de dos reflexiones preclaras y definitorias:
“Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”. 
“No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.
Mary Shelley
Mary Shelley
La hija tras cuyo parto falleció, Mary Godwin Wollstonecraft, se convirtió con los años, y como consecuencia de su matrimonio, en Mary Shelley. Ella realizó una de las mejores semblanzas que se pueden hacer de su madre:
…uno de esos seres que sólo aparecen una vez por generación, para arrojar sobre la humanidad un rayo de luz sobrenatural. Ella brilla, aunque parezca oscurecerse y los hombres crean que está apagada, pero se reanima de repente para brillar eternamente.

viernes, 16 de febrero de 2018

La escritora que recibió 25 nominaciones al Nobel de Literatura … y no lo ganó: Concha Espina

Hay una avenida en Madrid, que nace en el Paseo de la Castellana a mano derecha según se va hacia el norte, en cuyo nº 1 se sitúa una de las construcciones más populares de la ciudad que, además, alberga uno de los museos más visitados de España. Esa calle rinde homenaje a una mujer versátil y prolífica: novelista, periodista, poeta, dramaturga, cuentista… que perteneció a la Generación del 98 pero cuyo nombre no suele aparecer en los listados. Recibió 25 nominaciones al Premio Nobel de Literatura pero no lo llegó a ganar. Hablamos de Concha Espina.

Concha Espina
Concha Espina
La primera nominación llegó en 1926 y fue Jacinto Benavente, entre otros, el promotor. Las nominaciones se sucedieron año tras año hasta 1932. A partir de ese momento, ora fatigados por tanto infructuoso intento, ora por la llegada de la II República Española, se suspenden las candidaturas y hubo que esperar veinte años para que volvieran a producirse en 1952 y 1954, quizá cuando el final de la escritora se veía ya próximo y había que hacer un último esfuerzo. En tres de esos intentos doña Concha partía como favorita, a tenor de la cantidad y calidad de los impulsores de su candidatura, pero pesaron más los perfiles de Grazia Deledda (1926), Erik Axel Karlfeldt (1931) y François Mauriac (1952).

María de la Concepción Jesusa Basilisa Rodríguez-Espina y García-Tagle nació en Santander y su vocación por escribir comenzó a temprana edad. Estas ínfulas literarias no fueron muy bien entendidas por su marido, del que terminó por separarse. Concha Espina cultivó prácticamente todos los géneros, desde las colaboraciones periodisticas al teatro, pasando por la poesía, el relato, el cuento y la novela. Era una mujer cultivada, particupó activamente de la vida cultural española de las primeras décadas del s XX y gozó de un enorme éxito y reconocimiento durante toda su vida. Recibió numerosos premios, como el Nacional de Literatura en dos ocasiones, y también fue candidata a la Real Academia de la Lengua a petición de José María de Cossío, aunque en este caso sufrió el mismo destino que la Pardo Bazán: el rechazo. Y es que una cosa era tener éxito o incluso comulgar con el régimen y otra muy distinta ocupar un puesto relevante.

Como a la mayoría de los intelectuales de la época no le resultó fácil no manifestarse públicamente antes los acontecimientos sociales y vaivenes políticos del momento. Como mujer conservadora y tracional que era apoyó la dictadura de Primo de Rivera, pero también dio la bienvenida a la II República y a las reformas legislativas que trajo consigo, una de las cuales le permitió divorciarse legalmente de un marido del que ya estaba separada de hecho desde hacía años. Le animó a hacerlo y le ayudó con los trámites las mismísima Clara Campoamor, principal impulsora del sufragio femenino en España y en las antípodas ideológicas de la Espina.

Concha Espina. La niña de Luzmela
Concha Espina; La niña de Luzmela
Mantuvo durante años una tertulia semanal en la que llegaron a participar autores tan relevantes como Ortega y Gassert, Antonio Machado, Gerardo Diego o García Lorca. A pesar de perder la vista en 1940 su obra siguió siendo abundante y su trabajo, fecundo. En 1948, su localidad natal cántabra, Mazcuerra, pasa a denominarse también Luzmela, como tributo al nombre que Concha Espina le dio en su primera novela, La niña de Luzmela, publicada en 1909, y varias de sus obras fueron adaptadas al cine.

La Guerra Civil le sorprende en su Mazcuerra natal y allí se mantuvo a salvo hasta que el bando golpista conquistó la zona. Esa experiencia le nutre de temas para varias obras. A partir de ese momento continúa su vida y obra en Madrid, en comunción con el nuevo régimen. En 1950 recibió la Medalla al Mérito al Trabajo de manos de José María Girón de Velasco, a la sazón ministro de trabajo y que fue uno de los principales valuartes del régimen franquista incluso después de muerto el dictador.

Es difícil juzgar a Concha Espina solo desde su vertiente literaria o solo desde su vinculación falangista. En muchos casos, la una no se explica sin la otra, pese a que fue pionera en el modo de afrontar la problemática femenina desde la literatura, reivindicando un progreso que consideraba imprescindible, tratado desde las historias individuales de sus mujeres protagonistas. Pero como suele suceder, su figura ha sufrido la apropiación de parte de unos y el desprecio o ninguneo por parte de otros.

La Fundación Nacional Francisco Franco dice de ella:
"Fue una mujer peculiar que nunca quiso seguir los dictados de una sociedad que le quedaba pequeña. Por eso se hizo falangista. Y por eso decía que admiraba a Franco. Sus fuertes convicciones católicas le hicieron condenar el feminismo y afiliarse a la Sección Femenina de Falange, desde donde luchó por la verdadera mujer".
Estadio Santiago Bernabéu. Madrid.
Deliberadamente se oculta, en nuestros días, su condición de falangista y su admiración por la obra del Caudillo Francisco Franco, y se obvian sus novelas sobre la Cruzada. Quizás por eso, la ignorancia de nuestros políticos, cada día mayor y más sangrante, hace, felizmente en este caso, que perdure una calle, al lado del Estadio Santiago Bernabéu, y una estación de metro en la Línea 9 de Madrid con su nombre"
En fin; que cuando vuelvan a pasar junto al estadio Santiago Bernebéu del Real Madrid de fútbol, recuerden que la calle en la que está situado está dedicada a Concha Espina.

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Para saber más:
Cocha Espina en Nobelpieze.org
Concha Espina en la Real Academia de la Historia.
Concha Espina, una mujer ejemplar en Fundación Nacional Francisco Franco.
Concha Espina y el Cara al sol.

viernes, 2 de febrero de 2018

Pío Baroja y Rubén Darío: la miga y la pluma

- Pio Baroja es un esritor de mucha miga; ya se conoce que es panadero.
- Rubén Darío es un escritor de mucha pluma. Ya se conoce que es indio
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Rubén Darío
Rubén Darío nació en Nicaragua, en la ciudad de Metapa (rebautizada en 1920 como Ciudad Darío, a ver si adivinan por qué) y se le considera, con razón, el máximo exponenete del modernismo literario en lengua castellana. Periodista y Diplomático, su relación con España fue intensa, primero como enviado especial del diario La Nación para cubrir la situación española tras el "desastre del 98" y posteriormente como embajador de su país en Madrid.

Contemporáneo de la Generación del 98, Darío mantuvo buenas relaciones con algunos miembros de esa generación, como con Valle-Iclán o los Machado; pero con otros… digamos que no, como con Unamuno o Baroja. En realidad, don Miguel y don Pío no se llevaban bien con casi nadie.

Y ambos tuvieron sus más y sus menos con o por don Rubén. Uno de los "menos" más notable fue el protagonizado por Unamuno y Valle-Inclán pero con Rubén Darío como punto protagonista. El poeta nicaragüense era un declarado admirador del escritor bilbaino. Pero el sentimiento no era mutuo. Un día, en una tertulia, Rubén Darío estaba elogiando a Unamuno cuando uno de los presentes tuvo a bien sacar un artículo de Don Miguel en el que, entre otras lindezas, decía de Darío que todavia se le notaban las plumas de indio que lleva dentro de sí.

Valle-InclánUnos días después, la respuesta de Rubén Darío fue, sin rencor, anunciar en esa misma tertulia su decisión de enviar a Unamuno una carta en la que le indicaba que va a remitir al diario con el que colaboraba el artículo elogioso que tenía escrito sobre él: "y firmo esta carta con una de las plumas de indio que, según usted, aún llevo dentro de mí". Todos aplauden la inicitiva, Valle-Inclán entre ellos.

Unos meses después Valle-Inclán y Unamuno coinciden y éste le narra a aquél la "cosa notable y desconcertante" que le habia sucedido con Rubén Darío. Don Ramón, que había vivido en primera persona los hechos, y buen amigo e don Rubén, le espeta a don Miguel una sentencia para enmarcar:

"El suceso, amigo don Miguel, no tiene nada de notable y menos de desconcertante:

Miguel de UnamunoVerá usted: Rubén tiene todos los defectos de la carne: es glotón, bebedor, es mujeriego, es holgazán, etc. Pero posee, en cambio, todas las virtudes del espíritu: es bueno, es generoso, es sencillo, es humilde, etc. 

En cambio, usted almacena todas las virtudes de la carne: es usted frugal, es usted abstemio, es usted casto y es usted infatigable. Y tiene usted todos los vicios del espíritu: es usted soberbio, ególatra, avaro, rencoroso, etc.;

por eso, cuando Rubén se muera y se le pudra la carne, «que es lo que tiene de malo», le quedará el espíritu, «que es lo que tiene de bueno», ¡y se salvará! Pero usted, cuando se muera y se le pudra la carne, «que es lo que tiene de bueno», le quedará el espíritu, «que es lo que tiene de malo», ¡y se condenará!”.

Y concluía Valle: "Desde entonces, Unamuno anda preocupado”.

Pío BarojaPero también Rubén Darío tuvo un edificante intercambio de diatribas con Pío Baroja. Don Pío regentó durante una temporada la panadería en Madrid, fruto de una herencia que recibió de una tía. Este trabajo le valió críticas como "escribe cosas bien amasadas"; y la crítica de Rubén Darío:
- Pio Baroja es un esritor de mucha miga; ya se conoce que es panadero.
En respuesta, Baroja no se ofendió:
- Rubén Darío es un escritor de mucha pluma. Ya se conoce que es indio
A su criterio dejo si la respuesta de Baroja llevaba implícita una alusión a la presunta homosexualidad de Rubén Darío o solo hacía referencia a su condición de nativo americano.

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Para saber más:
• Esteban, José. La Generación del 98 en sus anécdotas. Renacimiento. 2012
• García-Sabell, Domingo. "Valle-Inclán y las anécdotas". Revista de Occidente, nº extra 44-45 dedicado a Valle-Inclán. 1966

lunes, 23 de octubre de 2017

Jerzy Kukuczka. In memoriam

Un 24 de octubre, de 1989, fallecía en la pared sur del Lhotse uno de los más grandes alpinistas de todos los tiempos: el polaco Jerzy Kukuczka. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

Caida de Jerzy Kukuczka
Fotograma de la caída de Jerzy Kukuczka
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El Lhotse ya había visto la cara más exitosa del gran alpinismo de la época porque Reinhold Messner culminó en ella la proeza de ser primer hombre en ascender a las catorce cimas de más de ochomil metros.  Por desgracia, también mostraría su rostro más amargo cuando se cobró la vida, el 24 de octubre de 1989, del gran Jerzy Kukuczka, que había sido el segundo en lograr los catorce ochomiles en singular batalla con Messner.

Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles
Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles

Unos días antes el propio Kukuczka había descrito en su diario, encontrado tras su muerte, un accidente del que salió indemne. Y agradece a Dios que le hubiera dado una segunda oportunidad. En su última anotación se lamenta por los fuertes vientos que les azotan.

El 23 de octubre, Kukuczka y su compañero de cordadada Ryszard Pawłowski, llegan al último campamento de altura, pero su suerte pronto va a cambiar. Y no solo porque el día 24 el tiempo es muy bueno:
“hicimos un poco de agua caliente para beber porque es difícil calificar a esa bebida como té. Recuerdo que comimos chocolate y comenzamos a escalar.
Era el turno de Jurek (apodo de Jerzy Kukuczka) de abrir la escalada hacia la cima ese día. Usamos una cuerda sencilla, conscientes de que queríamos hacer tramos más largos para avanzar más rápidamente hacia la cumbre.
Jurek se encontraba unos 50 metros por encima y repentinamente se cayó de la pared. Quedé aterrorizado cuando vi que Jurek comenzaba a caer más y más rápido. Voló cerca de mí hacia el abismo. Todo lo que podía hacer era acurrucarme.
No oí ningún grito de Jurek. Quizá ni él mismo esperaba que su vuelo fuese a ser tan largo. Sentí un fortísimo tirón en la cuerda, que se cortó unos pocos metros por encima de mí en el afilado borde de la roca.
Me quedé solo. Todo lo que vi después fue a Jurek todavía cayendo hacia la base de la pared”.



Su extraordinaria fuerza tanto física como psíquica, su portentosa capacidad de aclimatación a la altura y su excelente preparación técnica no fueron suficientes para combatir la escasez de medios con los que tuvo que lidiar durante toda su carrera: Polonia era entonces un país comunista y los recursos siempre escaseaban. Por eso es tan meritorio el quehacer de los polacos en la historia del himalayismo de los años 80.
Esta gesta ha quedado plasmada en el libro Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco de Bernadette McDonald.

Ni su dilatada carrera como alpinista, ni sus catorce ochomiles por rutas diferentes a las "normales" (con récord incluido, pues es el que lo ha logrado en menos tiempo), ni sus cuatro primeras invernales absolutas, ni su osadía innovadora a la hora de emprender la apertura de nuevas rutas, le impidieron cometer un descuido que resultó fatal. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

En la cara sur del Lhotse hay un monumento dedicado a los alpinistas polacos muertos en la montaña, Kukuczka incluido.
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse

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Bibliografía.
• Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco. Ediciones Desnivel.

• Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical. Ediciones Desnivel.

Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical / Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad
Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical
Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad

miércoles, 28 de junio de 2017

Las segundas partes de las obras de Cervantes y la autocita

La mejor manera de asegurar la continuidad de una obra es dejar un final abierto, anunciar una segunda parte o crear expectativas sobre una eventual secuela.

De esta estrategia tenemos multitud de ejemplos recientes, sobre todo en el mundo del cine, aunque también en el de las letras.

Pero esa argucia ya se utilizaba en el Siglo de Oro. Y el caso de Cervantes es acaso el más notable.

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La mejor manera de asegurar la continuidad de una obra es dejar un final abierto, anunciar una segunda parte o crear expectativas sobre una eventual secuela.

De esta estrategia tenemos multitud de ejemplos recientes, sobre todo en el mundo del cine, aunque también en el de las letras.

Pero esa argucia ya se utilizaba en el Siglo de Oro. Y el caso de Cervantes es acaso el más notable.

La producción del alcalaíno no fue muy extensa si la comparamos con otros compañeros de viaje literario: Lope de Vega o Quevedo, por ejemplo, fueron mucho más prolíficos. Escribió únicamente tres novelas, una serie de novelas cortas agrupadas bajo el nombre de “ejemplares” y alguna otra obra menor. Sin embargo una de ellas suficiente para elevarlo al Olimpo de los dioses de la literatura universal.

Cervantes era experto en anticipar segundas partes de sus obras aunque solo una de esas promesas se vio cumplida, seguramente muy a su pesar. Y también hacía uso hábil y habitual de la autocita. 

La Galatea fue su primera novela. Se publicó en 1585 con el intencionado título de “Primera parte de”, lo que pone de manifiesto su intención de publicar una segunda parte. En el último párrafo afirma:
El fin deste amoroso cuento y historia (...) con otras cosas sucedidas a los pastores hasta aquí nombrados, en la segunda parte desta historia se prometen, la cual, si con apacibles voluntades esta primera viene rescibida, tendrá atrevimiento a salir con brevedad a ser vista de los ojos y entendimiento de las gentes. 
Final de La Galatea

Y si hablamos de autocitas, en el capítulo VI de la primera parte del Quijote, donde se trata “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”, además de libros de caballerías, también varias novelas pastoriles acaban en la hoguera. Una de las que se salvan de la quema es precisamente La Galatea y anuncian que muy pronto Cervantes sacará la segunda parte:
—… Pero ¿qué libro es ese…?
—La Galatea de Miguel de Cervantes —dijo el barbero.
—Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención: propone algo, y no concluye nada; es menester esperar la segunda parte que promete…
Y no contento con esto, la promesa de continuación todavía se reiterará en la dedicatoria del Persiles “A Don Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, de Andrade, de Villalba; Marqués de Sarria… (y bla, bla, bla…)":
Si a dicha, por buena ventura mía (que ya no sería ventura, sino milagro), me diese el Cielo vida, las verá, y con ellas fin de La Galatea, de quien sé está aficionado Vuesa Excelencia.
 Al final, murió sin cumplir la promesa.

Portada del Persiles.
Edición Princeps
De los Los trabajos de Persiles y Segismunda no prometió continuación pero sí se refirió a ella en anteriores ocasiones. Fue su última obra aunque con seguridad ya estaba bastante avanzada para cuando acometió la continuación del Quijote. Así se trasluce del prólogo de las Novelas Ejemplares y de la dedicatoria de la Segunda parte del Quijote, en la que anuncia:
Con esto me despido, ofreciendo a V. Ex. los Trabajos de Persilis (sic) y Sigismunda, libro a quien dare fin dentro de quatro meses, Deo volente 
Poco más de los cuatro meses indicados tardó Cervantes en terminar la obra, cuya dedicatoria escribió en Madrid a 19 de abril de 1616, cuatro días antes de su muerte.

Cervantes terminó “El Persiles” apresuradamente antes de morir y se publicó de forma póstuma dos años después de su muerte. Seguramente por eso no prometió continuación, sabedor de que el fin de sus días estaba próximo.


El caso del Quijote. El plagio más sonado de la literatura 

Cervantes escribe El Quijote ante sus dos personajes.
Cervantes escribe El Quijote ante sus dos personajes.
Avenida Arcentales. Madrid
Foto: Carlos Viñas
Difícil de asegurar es que Cervantes realmente tuviera intención de escribir una Segunda Parte del Quijote, pese a declarar al final de la Primera
Pero el autor desta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas: solo la fama ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad se hicieron, y allí le pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento. 
Y además concluye la obra con una serie de poemas que no son sino epitafios dedicados a las tumbas de los protagonistas: Dulcinea, Sancho y el mismo Don Quijote:
Aquí yace el caballero
bien molido y malandante
a quien llevó Rocinante
uno y otro sendero.
Sancho Panza el majadero
yace también junto a él,
escudero el más fïel
que vio el trato de escudero. 
Así que, aun encontrándonos frente a un final abierto, no parece que Cervantes verdaderamente contemplase la posibilidad de una continuación.

Hasta que el plagio más sonado de la literatura cambió el curso de los acontecimientos.

Primera página del
Quijote de Avellaneda
Un tal Alonso Fernández de Avellaneda, en vista del éxito que tuvo el Quijote de Cervantes, se apropió de los personajes y de las expectativas abiertas al final de la Primera Parte y continuó por su cuenta y riesgo las andanzas del Caballero de la Triste Figura, llevándolo efectivamente a Zaragoza.

Fue en 1614 y el título no deja lugar a dudas sobre sus intenciones plagiarias: Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

De no haber sido por el pérfido “pirata” Avellaneda y “su” Quijote, que circuló como auténtico durante algún tiempo y que gozó de bastante difusión, seguramente el Quijote de Cervantes sería una obra demediada. O simplemente especularíamos con una segunda parte que nunca se escribió.

Visto el plagio, Cervantes se pone manos a la obra para "desfacer" el entuerto, emprende la tarea de continuar él mismo las andanzas de Don Quijote y, como venganza o como manera de diferenciar la copia del original, decide cambiar de rumbo y no llevarlo a Zaragoza.

Pese a todo, sí lo encamina a tierras aragonesas, hasta el punto de que Aragón ocupa la cuarta parte del total del libro, más de 30 capítulos de la segunda entrega y Zaragoza es la ciudad más citada y aludida de toda la novela.

Y se apresuró a hacerlo, pues la auténtica Segunda Parte se publicó pocos meses después del plagio y solo otros pocos meses antes de la muerte de Don Miguel.

Pero héteme aquí que Cervantes decide ir un paso más allá y escarmentar a Avellaneda y a su falsa segunda parte haciendo mención expresa a ella en el capítulo 59 de la verdadera segunda parte.

Hallánse Don Quijote y Sancho en una venta. Se dirigen a sus aposentos para cenar y allí escuchan una conversación proveniente de los huéspedes de la estancia contigua, "que no le dividía más que un sutil tabique":
– Por vida de vuestra merced que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie y con oído alerto escuchó lo que dél trataban…:  
– ¿Para qué quiere vuestra merced que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?  
– Con todo eso será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en este más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso.

Ilustración del Capítulo 59 de la Segunda Parte  del Quijote
Ilustración del Capítulo 59 de la Segunda Parte
del Quijote donde se describe la escena relatada
Don Quijote, lleno de ira y despecho, les responde desde su aposento, desmintiendo tal despropósito. A lo que sigue una conversación entre los dos caballeros y Don Quijote:
– sin duda vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aquí os entrego.  
Y poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, le tomó don Quijote y, sin responder palabra, comenzó a hojearle y de allí a un poco se le volvió, diciendo  
– En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia, (…) y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás de la historia
La escena continúa con los cuatro personajes compartiendo "mesa y mantel" y con Don Quijote dando nuevas válidas de sus andanzas y de su señora Dulcinea. Y finaliza:
… y aunque quisiera que don Quijote leyera más del libro no lo pudieron acabar con él, diciendo que él lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio, y que no quería, si acaso llegase a noticia de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le había leído… 

Venganza cumplida.

¿Se han dado cuenta de que el único libro de caballerías, del que se tiene relato expreso, que realmente leyó Don Quijote, siquiera en parte, fue su propia historia apócrifa?
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