viernes, 16 de febrero de 2018

La escritora que recibió 25 nominaciones al Nobel de Literatura … y no lo ganó

Hay una avenida en Madrid, que nace en el Paseo de la Castellana a mano derecha según se va hacia el norte, en cuyo nº 1 se sitúa una de las construcciones más populares de la ciudad que, además, alberga uno de los museos más visitados de España. Esa calle rinde homenaje a una mujer versátil y prolífica: novelista, periodista, poeta, dramaturga, cuentista… que perteneció a la Generación del 98 pero cuyo nombre no suele aparecer en los listados. Recibió 25 nominaciones al Premio Nobel de Literatura pero no lo llegó a ganar. Hablamos de Concha Espina.

Concha Espina
Concha Espina
La primera nominación llegó en 1926 y fue Jacinto Benavente, entre otros, el promotor. Las nominaciones se sucedieron año tras año hasta 1932. A partir de ese momento, ora fatigados por tanto infructuoso intento, ora por la llegada de la II República Española, se suspenden las candidaturas y hubo que esperar veinte años para que volvieran a producirse en 1952 y 1954, quizá cuando el final de la escritora se veía ya próximo y había que hacer un último esfuerzo. En tres de esos intentos doña Concha partía como favorita, a tenor de la cantidad y calidad de los impulsores de su candidatura, pero pesaron más los perfiles de Grazia Deledda (1926), Erik Axel Karlfeldt (1931) y François Mauriac (1952).

María de la Concepción Jesusa Basilisa Rodríguez-Espina y García-Tagle nació en Santander y su vocación por escribir comenzó a temprana edad. Estas ínfulas literarias no fueron muy bien entendidas por su marido, del que terminó por separarse. Concha Espina cultivó prácticamente todos los géneros, desde las colaboraciones periodisticas al teatro, pasando por la poesía, el relato, el cuento y la novela. Era una mujer cultivada, particupó activamente de la vida cultural española de las primeras décadas del s XX y gozó de un enorme éxito y reconocimiento durante toda su vida. Recibió numerosos premios, como el Nacional de Literatura en dos ocasiones, y también fue candidata a la Real Academia de la Lengua a petición de José María de Cossío, aunque en este caso sufrió el mismo destino que la Pardo Bazán: el rechazo. Y es que una cosa era tener éxito o incluso comulgar con el régimen y otra muy distinta ocupar un puesto relevante.

Como a la mayoría de los intelectuales de la época no le resultó fácil no manifestarse públicamente antes los acontecimientos sociales y vaivenes políticos del momento. Como mujer conservadora y tracional que era apoyó la dictadura de Primo de Rivera, pero también dio la bienvenida a la II República y a las reformas legislativas que trajo consigo, una de las cuales le permitió divorciarse legalmente de un marido del que ya estaba separada de hecho desde hacía años. Le animó a hacerlo y le ayudó con los trámites las mismísima Clara Campoamor, principal impulsora del sufragio femenino en España y en las antípodas ideológicas de la Espina.

Concha Espina. La niña de Luzmela
Concha Espina; La niña de Luzmela
Mantuvo durante años una tertulia semanal en la que llegaron a participar autores tan relevantes como Ortega y Gassert, Antonio Machado, Gerardo Diego o García Lorca. A pesar de perder la vista en 1940 su obra siguió siendo abundante y su trabajo, fecundo. En 1948, su localidad natal cántabra, Mazcuerra, pasa a denominarse también Luzmela, como tributo al nombre que Concha Espina le dio en su primera novela, La niña de Luzmela, publicada en 1909, y varias de sus obras fueron adaptadas al cine.

La Guerra Civil le sorprende en su Mazcuerra natal y allí se mantuvo a salvo hasta que el bando golpista conquistó la zona. Esa experiencia le nutre de temas para varias obras. A partir de ese momento continúa su vida y obra en Madrid, en comunción con el nuevo régimen. En 1950 recibió la Medalla al Mérito al Trabajo de manos de José María Girón de Velasco, a la sazón ministro de trabajo y que fue uno de los principales valuartes del régimen franquista incluso después de muerto el dictador.

Es difícil juzgar a Concha Espina solo desde su vertiente literaria o solo desde su vinculación falangista. En muchos casos, la una no se explica sin la otra, pese a que fue pionera en el modo de afrontar la problemática femenina desde la literatura, reivindicando un progreso que consideraba imprescindible, tratado desde las historias individuales de sus mujeres protagonistas. Pero como suele suceder, su figura ha sufrido la apropiación de parte de unos y el desprecio o ninguneo por parte de otros.

La Fundación Nacional Francisco Franco dice de ella:
"Fue una mujer peculiar que nunca quiso seguir los dictados de una sociedad que le quedaba pequeña. Por eso se hizo falangista. Y por eso decía que admiraba a Franco. Sus fuertes convicciones católicas le hicieron condenar el feminismo y afiliarse a la Sección Femenina de Falange, desde donde luchó por la verdadera mujer".
Estadio Santiago Bernabéu. Madrid.
días, su condición de falangista y su admiración por la obra del Caudillo Francisco Franco, y se obvian sus novelas sobre la Cruzada. Quizás por eso, la ignorancia de nuestros políticos, cada día mayor y más sangrante, hace, felizmente en este caso, que perdure una calle, al lado del Estadio Santiago Bernabéu, y una estación de metro en la Línea 9 de Madrid con su nombre"
En fin; que cuando vuelvan a pasar junto al estadio Santiago Bernebéu del Real Madrid de fútbol, recuerden que la calle en la que está situado está dedicada a Concha Espina.

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Para saber más:
Cocha Espina en Nobelpieze.org
Concha Espina en la Real Academia de la Historia.
Concha Espina, una mujer ejemplar en Fundación Nacional Francisco Franco.
Concha Espina y el Cara al sol.

viernes, 2 de febrero de 2018

Pío Baroja y Rubén Darío: la miga y la pluma

- Pio Baroja es un esritor de mucha miga; ya se conoce que es panadero.
- Rubén Darío es un escritor de mucha pluma. Ya se conoce que es indio
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Rubén Darío
Rubén Darío nació en Nicaragua, en la ciudad de Metapa (rebautizada en 1920 como Ciudad Darío, a ver si adivinan por qué) y se le considera, con razón, el máximo exponenete del modernismo literario en lengua castellana. Periodista y Diplomático, su relación con España fue intensa, primero como enviado especial del diario La Nación para cubrir la situación española tras el "desastre del 98" y posteriormente como embajador de su país en Madrid.

Contemporáneo de la Generación del 98, Darío mantuvo buenas relaciones con algunos miembros de esa generación, como con Valle-Iclán o los Machado; pero con otros… digamos que no, como con Unamuno o Baroja. En realidad, don Miguel y don Pío no se llevaban bien con casi nadie.

Y ambos tuvieron sus más y sus menos con o por don Rubén. Uno de los "menos" más notable fue el protagonizado por Unamuno y Valle-Inclán pero con Rubén Darío como punto protagonista. El poeta nicaragüense era un declarado admirador del escritor bilbaino. Pero el sentimiento no era mutuo. Un día, en una tertulia, Rubén Darío estaba elogiando a Unamuno cuando uno de los presentes tuvo a bien sacar un artículo de Don Miguel en el que, entre otras lindezas, decía de Darío que todavia se le notaban las plumas de indio que lleva dentro de sí.

Valle-InclánUnos días después, la respuesta de Rubén Darío fue, sin rencor, anunciar en esa misma tertulia su decisión de enviar a Unamuno una carta en la que le indicaba que va a remitir al diario con el que colaboraba el artículo elogioso que tenía escrito sobre él: "y firmo esta carta con una de las plumas de indio que, según usted, aún llevo dentro de mí". Todos aplauden la inicitiva, Valle-Inclán entre ellos.

Unos meses después Valle-Inclán y Unamuno coinciden y éste le narra a aquél la "cosa notable y desconcertante" que le habia sucedido con Rubén Darío. Don Ramón, que había vivido en primera persona los hechos, y buen amigo e don Rubén, le espeta a don Miguel una sentencia para enmarcar:

"El suceso, amigo don Miguel, no tiene nada de notable y menos de desconcertante:

Miguel de UnamunoVerá usted: Rubén tiene todos los defectos de la carne: es glotón, bebedor, es mujeriego, es holgazán, etc. Pero posee, en cambio, todas las virtudes del espíritu: es bueno, es generoso, es sencillo, es humilde, etc. 

En cambio, usted almacena todas las virtudes de la carne: es usted frugal, es usted abstemio, es usted casto y es usted infatigable. Y tiene usted todos los vicios del espíritu: es usted soberbio, ególatra, avaro, rencoroso, etc.;

por eso, cuando Rubén se muera y se le pudra la carne, «que es lo que tiene de malo», le quedará el espíritu, «que es lo que tiene de bueno», ¡y se salvará! Pero usted, cuando se muera y se le pudra la carne, «que es lo que tiene de bueno», le quedará el espíritu, «que es lo que tiene de malo», ¡y se condenará!”.

Y concluía Valle: "Desde entonces, Unamuno anda preocupado”.

Pío BarojaPero también Rubén Darío tuvo un edificante intercambio de diatribas con Pío Baroja. Don Pío regentó durante una temporada la panadería en Madrid, fruto de una herencia que recibió de una tía. Este trabajo le valió críticas como "escribe cosas bien amasadas"; y la crítica de Rubén Darío:
- Pio Baroja es un esritor de mucha miga; ya se conoce que es panadero.
En respuesta, Baroja no se ofendió:
- Rubén Darío es un escritor de mucha pluma. Ya se conoce que es indio
A su criterio dejo si la respuesta de Baroja llevaba implícita una alusión a la presunta homosexualidad de Rubén Darío o solo hacía referencia a su condición de nativo americano.

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Para saber más:
• Esteban, José. La Generación del 98 en sus anécdotas. Renacimiento. 2012
• García-Sabell, Domingo. "Valle-Inclán y las anécdotas". Revista de Occidente, nº extra 44-45 dedicado a Valle-Inclán. 1966

lunes, 23 de octubre de 2017

Jerzy Kukuczka. In memoriam

Un 24 de octubre, de 1989, fallecía en la pared sur del Lhotse uno de los más grandes alpinistas de todos los tiempos: el polaco Jerzy Kukuczka. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

Caida de Jerzy Kukuczka
Fotograma de la caída de Jerzy Kukuczka
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El Lhotse ya había visto la cara más exitosa del gran alpinismo de la época porque Reinhold Messner culminó en ella la proeza de ser primer hombre en ascender a las catorce cimas de más de ochomil metros.  Por desgracia, también mostraría su rostro más amargo cuando se cobró la vida, el 24 de octubre de 1989, del gran Jerzy Kukuczka, que había sido el segundo en lograr los catorce ochomiles en singular batalla con Messner.

Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles
Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles

Unos días antes el propio Kukuczka había descrito en su diario, encontrado tras su muerte, un accidente del que salió indemne. Y agradece a Dios que le hubiera dado una segunda oportunidad. En su última anotación se lamenta por los fuertes vientos que les azotan.

El 23 de octubre, Kukuczka y su compañero de cordadada Ryszard Pawłowski, llegan al último campamento de altura, pero su suerte pronto va a cambiar. Y no solo porque el día 24 el tiempo es muy bueno:
“hicimos un poco de agua caliente para beber porque es difícil calificar a esa bebida como té. Recuerdo que comimos chocolate y comenzamos a escalar.
Era el turno de Jurek (apodo de Jerzy Kukuczka) de abrir la escalada hacia la cima ese día. Usamos una cuerda sencilla, conscientes de que queríamos hacer tramos más largos para avanzar más rápidamente hacia la cumbre.
Jurek se encontraba unos 50 metros por encima y repentinamente se cayó de la pared. Quedé aterrorizado cuando vi que Jurek comenzaba a caer más y más rápido. Voló cerca de mí hacia el abismo. Todo lo que podía hacer era acurrucarme.
No oí ningún grito de Jurek. Quizá ni él mismo esperaba que su vuelo fuese a ser tan largo. Sentí un fortísimo tirón en la cuerda, que se cortó unos pocos metros por encima de mí en el afilado borde de la roca.
Me quedé solo. Todo lo que vi después fue a Jurek todavía cayendo hacia la base de la pared”.



Su extraordinaria fuerza tanto física como psíquica, su portentosa capacidad de aclimatación a la altura y su excelente preparación técnica no fueron suficientes para combatir la escasez de medios con los que tuvo que lidiar durante toda su carrera: Polonia era entonces un país comunista y los recursos siempre escaseaban. Por eso es tan meritorio el quehacer de los polacos en la historia del himalayismo de los años 80.
Esta gesta ha quedado plasmada en el libro Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco de Bernadette McDonald.

Ni su dilatada carrera como alpinista, ni sus catorce ochomiles por rutas diferentes a las "normales" (con récord incluido, pues es el que lo ha logrado en menos tiempo), ni sus cuatro primeras invernales absolutas, ni su osadía innovadora a la hora de emprender la apertura de nuevas rutas, le impidieron cometer un descuido que resultó fatal. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

En la cara sur del Lhotse hay un monumento dedicado a los alpinistas polacos muertos en la montaña, Kukuczka incluido.
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse

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Bibliografía.
• Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco. Ediciones Desnivel.

• Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical. Ediciones Desnivel.

Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical / Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad
Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical
Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad

miércoles, 28 de junio de 2017

Las segundas partes de las obras de Cervantes y la autocita

La mejor manera de asegurar la continuidad de una obra es dejar un final abierto, anunciar una segunda parte o crear expectativas sobre una eventual secuela.

De esta estrategia tenemos multitud de ejemplos recientes, sobre todo en el mundo del cine, aunque también en el de las letras.

Pero esa argucia ya se utilizaba en el Siglo de Oro. Y el caso de Cervantes es acaso el más notable.

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La mejor manera de asegurar la continuidad de una obra es dejar un final abierto, anunciar una segunda parte o crear expectativas sobre una eventual secuela.

De esta estrategia tenemos multitud de ejemplos recientes, sobre todo en el mundo del cine, aunque también en el de las letras.

Pero esa argucia ya se utilizaba en el Siglo de Oro. Y el caso de Cervantes es acaso el más notable.

La producción del alcalaíno no fue muy extensa si la comparamos con otros compañeros de viaje literario: Lope de Vega o Quevedo, por ejemplo, fueron mucho más prolíficos. Escribió únicamente tres novelas, una serie de novelas cortas agrupadas bajo el nombre de “ejemplares” y alguna otra obra menor. Sin embargo una de ellas suficiente para elevarlo al Olimpo de los dioses de la literatura universal.

Cervantes era experto en anticipar segundas partes de sus obras aunque solo una de esas promesas se vio cumplida, seguramente muy a su pesar. Y también hacía uso hábil y habitual de la autocita. 

La Galatea fue su primera novela. Se publicó en 1585 con el intencionado título de “Primera parte de”, lo que pone de manifiesto su intención de publicar una segunda parte. En el último párrafo afirma:
El fin deste amoroso cuento y historia (...) con otras cosas sucedidas a los pastores hasta aquí nombrados, en la segunda parte desta historia se prometen, la cual, si con apacibles voluntades esta primera viene rescibida, tendrá atrevimiento a salir con brevedad a ser vista de los ojos y entendimiento de las gentes. 
Final de La Galatea

Y si hablamos de autocitas, en el capítulo VI de la primera parte del Quijote, donde se trata “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”, además de libros de caballerías, también varias novelas pastoriles acaban en la hoguera. Una de las que se salvan de la quema es precisamente La Galatea y anuncian que muy pronto Cervantes sacará la segunda parte:
—… Pero ¿qué libro es ese…?
—La Galatea de Miguel de Cervantes —dijo el barbero.
—Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención: propone algo, y no concluye nada; es menester esperar la segunda parte que promete…
Y no contento con esto, la promesa de continuación todavía se reiterará en la dedicatoria del Persiles “A Don Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, de Andrade, de Villalba; Marqués de Sarria… (y bla, bla, bla…)":
Si a dicha, por buena ventura mía (que ya no sería ventura, sino milagro), me diese el Cielo vida, las verá, y con ellas fin de La Galatea, de quien sé está aficionado Vuesa Excelencia.
 Al final, murió sin cumplir la promesa.

Portada del Persiles.
Edición Princeps
De los Los trabajos de Persiles y Segismunda no prometió continuación pero sí se refirió a ella en anteriores ocasiones. Fue su última obra aunque con seguridad ya estaba bastante avanzada para cuando acometió la continuación del Quijote. Así se trasluce del prólogo de las Novelas Ejemplares y de la dedicatoria de la Segunda parte del Quijote, en la que anuncia:
Con esto me despido, ofreciendo a V. Ex. los Trabajos de Persilis (sic) y Sigismunda, libro a quien dare fin dentro de quatro meses, Deo volente 
Poco más de los cuatro meses indicados tardó Cervantes en terminar la obra, cuya dedicatoria escribió en Madrid a 19 de abril de 1616, cuatro días antes de su muerte.

Cervantes terminó “El Persiles” apresuradamente antes de morir y se publicó de forma póstuma dos años después de su muerte. Seguramente por eso no prometió continuación, sabedor de que el fin de sus días estaba próximo.


El caso del Quijote. El plagio más sonado de la literatura 

Cervantes escribe El Quijote ante sus dos personajes.
Cervantes escribe El Quijote ante sus dos personajes.
Avenida Arcentales. Madrid
Foto: Carlos Viñas
Difícil de asegurar es que Cervantes realmente tuviera intención de escribir una Segunda Parte del Quijote, pese a declarar al final de la Primera
Pero el autor desta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas: solo la fama ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad se hicieron, y allí le pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento. 
Y además concluye la obra con una serie de poemas que no son sino epitafios dedicados a las tumbas de los protagonistas: Dulcinea, Sancho y el mismo Don Quijote:
Aquí yace el caballero
bien molido y malandante
a quien llevó Rocinante
uno y otro sendero.
Sancho Panza el majadero
yace también junto a él,
escudero el más fïel
que vio el trato de escudero. 
Así que, aun encontrándonos frente a un final abierto, no parece que Cervantes verdaderamente contemplase la posibilidad de una continuación.

Hasta que el plagio más sonado de la literatura cambió el curso de los acontecimientos.

Primera página del
Quijote de Avellaneda
Un tal Alonso Fernández de Avellaneda, en vista del éxito que tuvo el Quijote de Cervantes, se apropió de los personajes y de las expectativas abiertas al final de la Primera Parte y continuó por su cuenta y riesgo las andanzas del Caballero de la Triste Figura, llevándolo efectivamente a Zaragoza.

Fue en 1614 y el título no deja lugar a dudas sobre sus intenciones plagiarias: Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

De no haber sido por el pérfido “pirata” Avellaneda y “su” Quijote, que circuló como auténtico durante algún tiempo y que gozó de bastante difusión, seguramente el Quijote de Cervantes sería una obra demediada. O simplemente especularíamos con una segunda parte que nunca se escribió.

Visto el plagio, Cervantes se pone manos a la obra para "desfacer" el entuerto, emprende la tarea de continuar él mismo las andanzas de Don Quijote y, como venganza o como manera de diferenciar la copia del original, decide cambiar de rumbo y no llevarlo a Zaragoza.

Pese a todo, sí lo encamina a tierras aragonesas, hasta el punto de que Aragón ocupa la cuarta parte del total del libro, más de 30 capítulos de la segunda entrega y Zaragoza es la ciudad más citada y aludida de toda la novela.

Y se apresuró a hacerlo, pues la auténtica Segunda Parte se publicó pocos meses después del plagio y solo otros pocos meses antes de la muerte de Don Miguel.

Pero héteme aquí que Cervantes decide ir un paso más allá y escarmentar a Avellaneda y a su falsa segunda parte haciendo mención expresa a ella en el capítulo 59 de la verdadera segunda parte.

Hallánse Don Quijote y Sancho en una venta. Se dirigen a sus aposentos para cenar y allí escuchan una conversación proveniente de los huéspedes de la estancia contigua, "que no le dividía más que un sutil tabique":
– Por vida de vuestra merced que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie y con oído alerto escuchó lo que dél trataban…:  
– ¿Para qué quiere vuestra merced que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?  
– Con todo eso será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en este más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso.

Ilustración del Capítulo 59 de la Segunda Parte  del Quijote
Ilustración del Capítulo 59 de la Segunda Parte
del Quijote donde se describe la escena relatada
Don Quijote, lleno de ira y despecho, les responde desde su aposento, desmintiendo tal despropósito. A lo que sigue una conversación entre los dos caballeros y Don Quijote:
– sin duda vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aquí os entrego.  
Y poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, le tomó don Quijote y, sin responder palabra, comenzó a hojearle y de allí a un poco se le volvió, diciendo  
– En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia, (…) y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás de la historia
La escena continúa con los cuatro personajes compartiendo "mesa y mantel" y con Don Quijote dando nuevas válidas de sus andanzas y de su señora Dulcinea. Y finaliza:
… y aunque quisiera que don Quijote leyera más del libro no lo pudieron acabar con él, diciendo que él lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio, y que no quería, si acaso llegase a noticia de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le había leído… 

Venganza cumplida.

¿Se han dado cuenta de que el único libro de caballerías, del que se tiene relato expreso, que realmente leyó Don Quijote, siquiera en parte, fue su propia historia apócrifa?

miércoles, 31 de mayo de 2017

Es Madrid ciudad bravía que entre antiguas y modernas tiene trescientas tabernas y una sola librería.

“Es Madrid ciudad bravía
que entre antiguas y modernas
tiene trescientas tabernas
y una sola librería”.

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Nunca me ha gustado que se celebren, bajo esa denominación, Días del Libro o Ferias del Libro. Prefiero la denominación, que no sé si llegaré a ver, de Día de la Lectura o Feria de la Lectura, porque el libro en sí mismo no es más que un objeto inerte cuyo objetivo final no es su propiedad sino su lectura.

No obstante, las Ferias y Días del Libro sirven, al menos, para arrancarle a la gente el impulso de comprar cultura, sea para regalar, para adornar o para los más diversos usos, lectura incluida.

Según las últimas estadísticas el 39% de la gente no leyó ningún libro en 2015; hay 700 librerías menos en el último año y en una década ha cerrado el 25% de los puntos de venta de prensa, a pesar de que en los últimos 15 años se registra un incremento de 11,2 puntos en la proporción de lectores frecuentes.

Respecto al consumo de vino, producto por excelencia de las tabernas, los datos dicen que aunque el consumo de vino por persona al año ha caído un 15% en 12 años (2000-2012), la última cifra oficial es de casi 20 litros/persona. Este dato nos sitúa muy lejos de Francia, Portugal o Italia, también grandes productores pero mejores consumidores, pues sus índices están en 47, 42 y 37 litros/persona/año, respectivamente.

Como se ve, también en vino (como en lectura) somos mucho más productores que consumidores. Entendiendo, claro está, que tanto el vino como el libro son una parte importante de nuestra cultura.

Pero no he venido hoy a hablar del consumo de libros o de vino, al menos no de la situación actual; sino que libros y vino son el pretexto para mostrarles cómo la relación de los españoles con los libros y con el vino viene de lejos, como ponen de manifiesto las edificantes anécdotas de algunos de los grandes clásicos de la literatura española, relacionadas ellas con el vino, el gusto que por él tenían algunos de ellos y cómo se lo "reprochaban" unos a otros.

Pero antes, déjenme que aporte algunos datos más.


I.-

En Madrid capital había en 2012 casi 18.000 bares y restaurantes, sobre una población estimada de unos 3,3 millones de habitantes. La cifra puede resultar sorprendente, aunque no es, ni de lejos, la provincia con mayor proporción bares/población: ese mérito se lo lleva Cáceres.

Según los datos de 2013, en España hay 269.107 bares o restaurantes.


II.-

Según el censo realizado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, en 2013 había en España 4.336 librerías identificadas, aunque según el INE la cifra podría ascender a más 5.500.

También este dato resulta sorprendente, porque España se sitúa a la cabeza de los países de la Unión Europea en el número absoluto de librerías y en segunda posición en el número de librerías por 100.000 habitantes.

Por desgracia, España también está en los primeros lugares en cuanto a la evolución negativa de este tipo actividad económica, quizá en coherencia con los bajos índices de lectura antes mencionados. Se ve que en España estamos dejando de comprar más libros de los que leemos.

El citado Mapa de Librerías le otorga a la Comunidad de Madrid 517 librerías, tercera posición en el ránking por comunidades autónomas, por detras de Andalucía y Cataluña, aunque proporcionalmente es La Rioja la que tiene mayor ratio de librerías por cada 100.000 habitantes.

No es fácil saber el dato exacto, pero según el índice de Laslibrerias.com Madrid capital tiene un número de librerías que se aproxima a 300.


I + II

Madrid 2013: 18.000 bares, 300 librerías.


III.-

El dato no está mal sobre todo si tenemos en cuenta la situación de comienzos del siglo XVII y que cuenta Néstor Luján en La vida cotidiana en la España del siglo de oro:
en 1600 había en Madrid nada menos que 391 tabernas contabilizadas, según las crónicas de la época.

Y la gente, haciéndose eco de su número, recitaba, sin hipérbole casi, el epigrama
“Es Madrid ciudad bravíaque entre antiguas y modernastiene trescientas tabernasy una sola librería”.
Madrid 1600: 391 tabernas frente a 1 librería. 

Permítaseme añadir, por las dudas, que bravío, dicho de una persona, se refiere a que tiene costumbres rústicas por falta de buena educación o del trato de gentes.

El generoso redondeo "a la baja" del epigrama (de 391 a 300) es, con toda seguridad, una exigencia métrica que no arruine tan sabrosos octosílabos.

Desconozco la exactitud de estos datos y si el epigrama es una especie de chascarrillo satírico que ya a principios en el Siglo de Oro ponía de manifiesto la gran afición de los españoles al vino frente a la cultura, incluidos en el lote algunos de los grandes clásicos de nuestra literatura.

De aquellos años existe numerosa normativa municipal que pone de manifiesto cómo el vino era un elemento fundamental en la actividad mercantil de la ciudad, conventos incluidos, que competían sin rubor en la producción y despacho de tan preciado elemento, y las disputas enconadas que taberneros y monjes mantenían al respecto.

Ya sé que los tiempos han cambiado, que han mejorado mucho la alfabetización y el acceso a la cultura, pero nuestra afición al vino se ve que viene ya de antiguo.


IV.-

La literatura de la época trata muy mal a los taberneros. Las acusaciones más habituales, las de aguar el vino, venderlo lleno de mosquitos y trapichear con él.

Probablemente conocerán el origen de la palabra “tapa”, hoy asociada a una pequeña porción de comida que acompaña cualquier bebida consumida en una taberna, pero que originalmente tenía la función textual de “tapar” el vaso de vino con un trozo de pan o jamón para evitar que cayeran dentro insectos de todo tipo.


Tirso de Molina
• Se ve que a Tirso de Molina el tema le preocupaba porque afirma:
“Cuando pido de beber, agua me traen en la copa y vino me echan encima”.
Y en otra ocasión:
“Aquí llaman taberneros y andan bautizando corderos”.

Lope de Vega
• También Lope de Vega reflexiona sobre la cuestión:
Porque en vinos en Madridlo mismo es agua que vino…por más fuentes que labréismás tenéis en las tabernas.
Y arremete contra los taberneros y sus matutinos tráfagos pecaminosos:
Cuando el mozo del caminoecha cebada a las mulasy los ladrones con bulasaguan la leche y el vino.

Rojas Zorrilla
• Rojas Zorrilla también parodia la situación cuando uno de sus personajes muestra un ensalmo para transformar agua en vino, al estilo de las Bodas de Caná, y otro le replica:
Si ello es vino de Madrid
tan agua será como antes.
Aunque estos versos más iban encaminados a expresar inquina por los taberneros que a criticar las bondades del vino, que no dudaron en ensalzar cuando tuvieron ocasión.


Quevedo
• Es Francisco de Quevedo quien hizo esta declaración de intenciones:
Dijo a la rana el mosquito
desde una tinaja:
«Mejor es morir en el vino
que vivir en el agua».
Y se ve que tampoco le importaba demasiado que el vino tuviera mosquitos, como declara en su soneto Bebe vino precioso con mosquitos dentro:
Liendres de la vendimia, yo os admito
En mi gaznate pues tenéis por soga
Al nieto de la vid, licor bendito.

Tomá en el trazo hacia mi nuez la boga,
Que bebiéndoos a todos, me desquito
Del vino que bebistes y os ahoga.

• Y es de nuevo Lope de Vega el que afirma:
El vino, mientras más se envejece, más calor tiene: al contrario de nuestra naturaleza, que mientras más vive, más se va enfriando.


V.-

Las disputas literarias han sido habituales entre nuestras plumas. Algunas brillantes, otras, lamentables. A su buen criterio dejo calificar de una u otra manera los dardos que se dedicaron mutuamente Pérez Reverte y Francisco Umbral; los que Cela recibió desde diversos frentes; o la broma que le dedicó Valle Inclán a José Echegaray, cuando le mandaba cartas a un amigo que vivía en la calle que le dedicaron al premio Nobel y ponía en la dirección “calle del viejo idiota”. Las cartas llegaban, oiga.

Aunque hay que reconocer que las más meritorias son las que intercambiaron Quevedo y Góngora, por un lado, y Cervantes y Lope de Vega, por otro. Ellos fueron quienes elevaron el insulto a la categoría de literatura.

Pero nuestros clásicos no solo mantuvieron justas de corte literario, sino que, como parte activa de la sociedad del XVII también se reprocharon mutuamente su afición al vino y cuestionaron los méritos conseguidos por sus rivales atribuyéndolos a la ingesta desmedida del derivado de uva.

Casi todos los grandes clásicos castellanos, desde Quevedo a Lope de Vega, tuvieron fama de no hacer ascos al buen vino, hasta el punto de ser calificados como borrachos por algunos “envidiosos” contemporáneos.

• Cuando el Señor de La Torre de Juan Abad (Quevedo) recibió la Encomienda de Santiago, escribió Góngora al respecto:
“A San Trago se debe y no a Santiago”,

• Y en otros deliciosos versos el propio Góngora atacó a sus dos grandes enemigos literarios, con esta ingeniosa diatriba:
“Hoy hacen amistad nuevamás por Baco que por FeboDon Francisco de Que-bebo
y Félix Lope de Beba”.

• Pero como donde las dan las toman, también Góngora recibió lo suyo. Al parecer tampoco le hacía ascos al vino, así que su alter-ego Quevedo le dedicó una sabrosa andanada al referirse a él como
“Sacerdote de Venus y de Baco”

CervantesSeguramente todos hablaban por propia experiencia. Y la “tradición” de asociar a la creatividad literaria la ingesta de bebidas alcohólicas o estupefacientes ha llegado hasta nuestros días en las más diversas variantes.

Pero no puedo terminar sin aconsejarles que no olviden seguir los sabios consejos que los clásicos dejaron escritos sobre el vino:

• como dijo el propio Quevedo:
“Para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar en todo y en todas maneras el uso del beber vino, por ser, con moderación, el mejor vehículo del alimento y la más eficaz medicina”.

Y en boca de Don Quijote, Cervantes recomienda a Sancho Panza sobre su afición al vino:
“Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado, ni guarda secreto ni cumple palabra”.
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La lectura en España. Informe 2017.
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